Evangelio Semanal
Llamados A Actuar en el Nombre de Dios
La mujer cananea es una mujer valiente. Sin nombre, marginada, extranjera, mujer, nos sirve de modelo de fe y de oración llena de fe. Su oración nace de un profundo reconocimiento de quién es y a quién invoca. Su oración está fundamentada en la humildad (del griego humus, “de la tierra/ polvo”). Su intercesión no es por sí misma, sino por su hijo enfermo y atormentado. Su oración es sencilla, directa y no admite interpretaciones erróneas: “¡Señor, ayúdame!”. A pesar de ser una de las marginadas de Israel, invoca a Jesús para que “observe lo que es justo y practique lo que es recto (Isaías 56:1).
La fe de la mujer es fuerte. Eso hace que su oración sea persistente. Ni ella ni su oración serán rechazadas. Ella evoca las palabras de San Pablo: “Entre vosotros no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer. Todos son uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28). Aquí, en medio del Evangelio de Mateo, la mujer Cananea nos representa, una de las muchas personas comunes, anónimas y marginadas, en cuyo nombre, al final del Evangelio, Jesús ordena: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19).
