Evangelio Semanal


Hospitalidad

Una de las formas que vivimos en Dios es compartir la hospitalidad de Dios a todos. Hay un dicho irlandés que dice "Cristo a menudo va disfrazado de desconocido".

La mujer de Sunem ofreció su hospitalidad al profeta Eliseo invitándolo a comer y ofreciéndole un lugar donde descansar. El agradeció y recompensó la hospitalidad con la promesa que tendría un hijo. Cristo nos explica lo que es la hospitalidad: "quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado" y no quedará sin recompensa. Así como el teólogo Paul Wadell nos ensena, cuando somos hospitalarios, no solamente ofrecemos agua y comida, o un lugar donde quedarse, u otro tipo de generosidad, nos ofrecemos nosotros mismos; ofrecemos nuestra atención a la historia de un desconocido, donde conocemos la perspectiva de otra persona y cuando esto pasa, escuchamos la historia de Dios.

Al advertirnos que "el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí..." y también "el que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará” Jesús propone que aprendamos a despegarnos de las cosas que ahora consideramos indispensables en nuestras vidas. Cristo nos ama y quiere que lo pongamos primero ante otros compromisos o deseos. Nuestra hospitalidad con personas desconocidas pone a Cristo ante nosotros solo de esta manera.