El Viaje De La
Transfiguración
"Solíamos ser tan buenos amigos. ¿Por
qué te has alejado tanto?" un hombre le
preguntó a otro. "Quizás", le respondió el
otro "tú te has alejado al quedarte quieto".
Este diálogo bien podría haberse dado
entre Pedro y Jesús si a Pedro se le
hubiera permitido armar tiendas para
quedarse en el monte de la Transfiguración. Casi sucumbió a la tentación de
quedarse en un lugar de maravilla y luz.
Pero Jesús sabía la difícil verdad: estamos
en un viaje continuo cuando transitamos
los caminos de la voluntad de Dios. No es
bueno que nos quedemos en un lugar en
nuestro viaje de fe. Es igualmente
malsano estancarnos en los momentos
de alegría y milagros para evitar las
dificultades de la vida que ensimismarnos
en nuestros sufrimientos y tentaciones
para evadir ser buenos compañeros de
nuestras hermanas y hermanos que también están sufriendo; ¡o celebrar!
La Iglesia peregrina debe hacer una cosa en su
viaje de Cuaresma: caminar continuamente con Cristo como su Cuerpo nacido del
agua y del Espíritu, buscando la voluntad
de Dios, ayudando a que se conozca en la
tierra el Reino de Dios, siendo guiada al
final de nuestro viaje, transfigurada para
siempre en la compañía del cielo.