Envía Tu Espíritu
La semana pasada oímos que después de la
Ascensión, los discípulos, María y otros seguidores del
Señor se retiraron al piso alto donde perseveraron
unánimes en la oración. Esta semana escuchamos que,
mientras estaban en oración allí, el Espíritu Santo vino
sobre ellos. La promesa de Jesús, luego de su
Resurrección que el Evangelio de hoy relata, se cumple:
el poder del Espíritu Santo viene sobre los seguidores de
Jesús.
San Pablo nos dice que a todos nosotros, de
alguna manera, se nos dan los dones del Espíritu Santo,
dones que se pueden usar para anunciar la Buena
Nueva. Hoy es una de las más grandes fiestas de la
Iglesia. Llevemos con nosotros el estribillo del salmo
responsorial: “¡Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz
de la tierra!” (Salmo 104:30).
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Oración
Ven Santo Espíritu
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.